viernes, 19 de noviembre de 2010

Poema de Gustavo Solórzano Alfaro (Costa Rica 1975-)


ABISMOS



La sombra se dispersa.
No somos otra cosa
que espejos amargos del rostro del sueño.
Al final de las ciudades,
en los más profundo de las noches,
habitan espejismos tan inmensos
como el fuego y la memoria,
como el abismo infinito de tu beso.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Segundo certamen de poesía Haiku

¡Felicidades a los ganadores!



Primer Lugar: Juan Carlos Olivas Arce

Segundo Lugar: Anthony Coto Orocú

Tercer Lugar: Oscar Retana Romero


Otros autores con Haikús destacados para publicación en la Antología:

Gustavo Adolfo Castillo
Sergio Marten Saborio
Malitzin Turrent Peñaranda
Jorge Alberto Arroyo Esquivel
Karla Adriana Duarte Cubillo


El veredicto del Certamen Haikú, dado el viernes 29 de octubre a las diecinueve horas, en la Sede de la Asociación Cultural Nueva Acrópolis, por el siguiente jurado:

Por la Embajada de Japón: Toyoma Yamaguchi

Por la Asociación Cultural Nueva Acrópolis: Hernán Sánchez Barros

Poetas:

Julieta Dobles

Cristy van Der Laat

Felipe Ovares Barquero

miércoles, 20 de octubre de 2010

Poema de Juan Carlos Mestre (España 1957-)

ECLIPSE CON RIMBAUD



He pasado la mitad de mi vida en la oscuridad.
He descargado camiones de oscuridad.
He bebido toda la oscuridad.
He dormido con la oscuridad.
He amado la oscuridad y me he acostado con ella.
He tocado las piedras de la oscuridad hasta herirme las manos.
He repetido tu nombre en la oscuridad.

Los pescadores cantan en la niebla de la oscuridad.
Los jóvenes sin vida están despiertos en la oscuridad.
Los músicos y las rameras guardan su corazón en la oscuridad.

He soñado con la oscuridad la mitad de mi vida.
He hospedado mi juventud en el cáñamo de la oscuridad.
He desnudado a la oscuridad y gozado con ella.
He acariciado con dedos de pastor el sexo de la oscuridad.

La oscuridad es la oración de los acordeones nublados.
La oscuridad vive en las palabras que decifran la muerte.
La oscuridad habita los suburbios de la belleza.

Dad de ladrar al perro de la oscuridad.
Oíd la lepra sagrada de la oscuridad.

martes, 28 de septiembre de 2010

Poema de Jorge Teillier (Chile)


TARJETA POSTAL
Me decías que no me enamorara de tu hermana menor,
aquella que aún temía a los duendes
que salen de los rincones a robar nueces.
Y yo te contestaba
que en el cielo podía leer tu nombre
escrito por los pájaros
y que las nubes flotaban como los gansos
en el patio dominical de tu casa
que me hablaba con su lenguaje de gorriones.
Este domingo me veo de nuevo en el salón
mirando revistas viejas y daguerrotipos
mientras tú tocas valses en la pianola.
Alguien me ha dicho en secreto que la primavera vuelve.
La primavera vuelve pero tú no vuelves.
Tu hermana ya no cree en los duendes.
Tú no sabrías escribir mi nombre
en los vidrios cubiertos de escarcha,
y yo sólo puedo contar mis recuerdos
como un mendigo sus monedas en el frío del otoño.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Límites


A mi mismo, aunque no lo merezco




Mi límite es un nido devastado,
estar quieto,
cavilando a mitad de esta noche
el rumbo de mi cuerpo en la ceniza.

Es tiritar de olvido
cuando todos regresan,
y mirar la gente vacía entre los buses,
y saber callar,
jamás entablar milagros
en los resquicios ciegos de mi mismo.

Me conozco muy bien, y no confío,
por eso me doy la espalda
ante cualquier sospecha de mis pasos,
he abdicado de mis vidas anteriores,
he sufrido la furia de mis días,
me he emborrachado de mi
y presiento el fragor de mi resaca.

No sé cómo puedo vivirme
con tantísima plegaria en mis entrañas.
Mas el tiempo ahora arrastra
los escombros del país inefable en que viví,
estoy desnudo
y acaricio mis límites,
reconozco jaurías en el cielo,
alguien que se parece a mi
me está llamando.

miércoles, 12 de mayo de 2010

El Ángel de la Casa

Una mesa de noche jamás será un altar,
pero a esta hora,
la fotografía de Virginia Woolf
arde como un presagio que se cumple,
sus ojos disparan su ponzoña
en contra del ángel de la casa,
mas éste olvida sucumbir.

Yo también le odio y le acompaño,
sufro sus aversiones cotidianas,
su forma de ser madre,
la absurda amiga
de lo incierto y lo trivial
cuando así lo deseo,
amo de sus reconvenciones.

Mi condena es saber que no puedo matarle,
que a esta hora
la fotografía de Virginia Woolf es devorada
en una esquina de mi casa,
y empiezo a descreer de lo divino.


Juan Carlos Olivas