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domingo, 31 de julio de 2011

Ya salió Bitácora de los hechos consumados, mi segundo poemario!!!




Y bueno amigos, valió la espera y ya está publicado mi segundo poemario con la EUNED, quienes vienen haciendo un muy buen trabajo publicando obras de poesía y esta vez me tocó el turno a mi. Quiero agradecer por este medio a mi amigo y no por eso editor de esta obra mía Gustavo Solórzano-Alfaro, por su paciencia y acertados comentarios a este pobre poeta atribulado. Pronto estaré anunciando la(s) fecha(s) de la presentación(nes) de este nuevo libro. Por ahora, me esperan ciertas bebidas espirutuosas para brindar y celebrar, así que alzo mi copa y brindo! Salud!


Aquí lasmalasjuntas.com/2011/08/05/cuatro-poemas-2/ pueden leer cuatro poemas de este libro!

viernes, 1 de julio de 2011

ARRULLO FUNERARIO PARA EUNICE

Llegaré borracho a tu funeral Eunice,
aunque no haya alguno,
aunque el viento desarme las letras de tu tumba
hasta anegarlas en los jacintos de mis labios.

Llegaré a tu funeral, borracho,
y estaremos ahí,
diciéndonos tan sólo esas palabras
que los hombres olvidan cuando mueren,
cuando han sido vedados los caminos
y uno mira atrás, sin nombre,
o sin más nombre que el presagio
de algo que sabemos no vendrá.

Llegaré borracho
y te diré mi nombre aunque lo sepas
y diré soy la Nada,
ahí donde tus manos reposan,
y beberás conmigo los huesos de los hombres,
vendrás con la antigua presunción
de quien no muere,
de quien juega esgrima en el espejo
y siempre gana la partida.

Llegaré borracho Eunice
y me perdonarás,
tú que nunca conociste la embriaguez,
y llevaré el mirto de mis últimos días junto a tí,
para que duermas cálida, al fin,
tan sin mí, tan fugaz,
tan dulcemente.


(De Mientras arden las cumbres, 2011)

viernes, 10 de junio de 2011

MUNDO EN CALMA

All manner of thing shall be well

when the tongues of flame are in-folded

into the crowned knot of fire

and the fire and the rose are one.


T.S. Eliot

The Four Quartets




Aunque Eliot diga

que todo irá bien

y toda clase de cosas irá bien,

continúo atado al borde de una mesa

y batallo contra los elementos

que mi sombra domestica:

el pan ácido del mundo,

este corazón que va secándose

en cada cumpleaños

frente a televisores que dibujan

mis historias mínimas,

y que pueden ser la historia

de un joven en un café

escribiendo sus mentiras,

un despilfarro de fe para salvarse.


No tengo más que esta ciudad

que me rompe los labios,

y puede que todo vaya bien

según Eliot,

puede que el drama del hambre

no sea más que una excusa

para seguir reuniéndonos

y pasar el recuento -noche a noche-

de un holocausto personal

que a nadie importa,

puede que la tristeza no sea más que sequía

y nuestros ojos busquen

el pasto de un cuerpo inalcanzable,

y ya para entonces asistamos a la vida

con profesión, familia

y sonrisa insoportable;

dirían las abuelas que crecimos demasiado

y nos daría miedo marcharnos de repente

sin antes ver nuestro rostro reflejado en el agua.


Toda clase de cosas iría bien,

incluso aquello que dejamos incompleto:

no barrer tanta ceniza debajo de la lengua,

acomodar los libros, las mañanas, el cansancio

y dejar puertas abiertas como brazos.


Podríamos querernos de otra forma,

levantarnos temprano

y escuchar el llanto de la luz cuando amanece,

o sinceramente abofetearnos con el rocío,

la esperanza o la ignorancia

de quien no sabe que todo esto iría bien,

y toda clase de cosas iría bien,

si alguien nos hubiese dicho

que la vida era esto.



(Del libro Mientras arden las cumbres, 2011)

jueves, 21 de abril de 2011

Abadía



Soy quien lleva la tea

y clama a sus cenizas,

el abad de los huesos de Rimbaud,

y el delirio frente al mar

en la isla de Patmos.

En mi se quema el río de la noche

y lo demás es sombra,

literatura y sombra

creciente en las ramas del olivo.


Alguien aulló y supo mi nombre,

de él bebieron antiguos esclavos

entre campos de algodón,

en él se predispuso el poniente

a enseñar su entraña vácua y delatora,

en él un día quebraron el altar

de los desesperados.


Benditas sean las péyades

y su afán de ruina siempre.

Un amigo me llama

a que cante el escombro

hacia mi nombre,
y yo no tengo más

que el firmamento mutilado

en mil otoños concebidos;

de mi mano yace un péndulo

de estricta eternidad,

los huesos de Rimbaud

afinan su belleza

como un cuchillo roto,

y más allá del muro

crece el fin.



(Inédito del libro Miedo a los sótanos, 2011)

jueves, 24 de marzo de 2011

EL DÍA DUDOSO


Y los niños vieron el rostro de Mallarmé
y le conocieron,
bajando por el hato de lágrimas.
Tomaron sus bicicletas
y fueron hasta el sur de una colina
amparados por el ángel del misterio.
Sus padres descreyeron aquel día,
lavaron a sus hijos en la piedra;
luego quemaron sus ojos
con la astilla de un espejo.
Dijeron:
La poesía no será sino esa copa concurrente
que fingirás llenar de lágrimas.
Mallarmé lo vio todo desde una nube,
alguien robó las bicicletas,
y en el valle hay muchos padres
que aún no pueden llorar.

lunes, 24 de enero de 2011

ELEGÍA DEL POETA QUE VUELVE


Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.
Carlos Gardel



Lo primero que haré
será besar la tierra
como el suicida besa
la paciencia de la soga
y los ríos besan en tiempos despeñados
sus fábulas de abismo.

Devolveré la piedra
que guardé en la mochila
y llegaré al volcán Turrialba
más herido de versos que de niebla,
y me sentaré a esperar
las nubes que no pasan,
y los sueños que no pasan,
y los años soberbios que no pasan.
Y cuando todo quede
rendido de presagios
veré a mi madre en el fuego de la acacia,
y a mi hijo sembrar los prados nuevos,
y la piedra que estuvo amordazada
recordará la joven boca de la ausencia,
los campos ungidos de ceniza,
la mandrágora que imita
el sueño del arcángel
y todo cuanto pudo ser
del anhelo de la mansedumbre.

Porque todo final
es asesino de auroras en mis manos
y mis ojos vigilan
el estruendo del amanecer
como un pórtico que abre el comienzo.

Es ahí donde los hombres
roban la fragancia que no les fue devuelta,
es ahí donde las jóvenes
se marchitan en los parques
esperando la vida.
Esto y mucho más
he visto rodar del tiempo ególatra,
enseño mis ecos a los muros de la ciudad
y los caminos son la armonía
del paso en la mirada.

Hoy me colman pensamientos de volver
y la música regresa devastada en los teléfonos;
he olvidado la canción del reposo,
mi barro me entristece en demasía
y parece que del cielo
está cayendo agua del mar,
más sé que es verano
en este atlántico sin puertos.

El espejo me viste a su medida
más esa imagen sólo existe en el cristal,
no va conmigo
cuando todos me ofrecen su silencio,
no me acompaña cuando ofrendo mi vida
debajo de los puentes,
ni cuando escribo poemas
como flores carnívoras
que devorasen por igual, moscas
y versos de Góngora preescritos
para alguna mujer que no lo merecía.

Porque así es la vida,
no basta con acariciar
toda la mitología grecoromana,
ni siquiera sentirse desdichado
bajo las ruinas de Cartago,
ni en las soledades de una Turrialba umbría
que me aguza el recuerdo.

Todo se trata quizá
de sentirse un poco trágico,
buscar falsos personajes
que merezcan elegías,
entre cielos y yámbicos,
y no encontrar a nadie más
salvo a uno mismo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Bibliotecas


Soñé que había muerto
y que en el cielo no habían bibliotecas.
Pensé en Borges,
en la infantil falacia
de figurarse un cielo
y creer que los libros
eran abiertos por los ángeles.

Esta mañana desperté
y quemé todos mis libros
mas el frío persistía,
pensé entonces en Dante
y sus infiernos con almas congeladas.

Al anochecer el cansancio me vencía
y desde el lecho me propuse
escribir el poema,
y creí que era Pessoa
divagando en las bifurcaciones
de sus nombres,
o Whitman destruyendo
su ego en una mesa,
o Lorca que cantaba
la pena de Granada.

Mas nada de esto fui
sino tan sólo
el rescoldo del frío del otoño,
el vicio de un hombre muerto
que tiene la osadía de soñar
y en vida se pasea
por las bibliotecas.


miércoles, 12 de mayo de 2010

El Ángel de la Casa

Una mesa de noche jamás será un altar,
pero a esta hora,
la fotografía de Virginia Woolf
arde como un presagio que se cumple,
sus ojos disparan su ponzoña
en contra del ángel de la casa,
mas éste olvida sucumbir.

Yo también le odio y le acompaño,
sufro sus aversiones cotidianas,
su forma de ser madre,
la absurda amiga
de lo incierto y lo trivial
cuando así lo deseo,
amo de sus reconvenciones.

Mi condena es saber que no puedo matarle,
que a esta hora
la fotografía de Virginia Woolf es devorada
en una esquina de mi casa,
y empiezo a descreer de lo divino.


Juan Carlos Olivas

miércoles, 7 de abril de 2010

Poema de la Atroz Felicidad

Pocas cosas supe ofrecer.
Me defraudé a mi mismo
y las serpientes pastaron noche y día
sobre la misma obstinación de ser otro,
perderme la vida en palabras huecas,
saber que no hay nadie que lea este poema
o lo entienda acaso
porque no hemos embargado la atroz felicidad,
el duelo que repta entre las cosas que somos,
los harapos compartidos,
la suave inmundicia carmesí
donde posamos nuestros sueños.

La felicidad es la certeza imposible.
Pasé mi vida a solas creyéndola a mi lado
aunque no me leyera,
aunque no me tocase ni hiciérame el amor,
aunque cuando me visitasen los amigos
sirviéranles viandas de poca gana y puntualmente.
Nunca estuvo a mi lado y a la vez,
cuando todos dormían de coraje y experiencia,
penetrome su terrible amanecer con vieja furia,
me obligó a besarle los pies,
a venderle mi alma como a un diablo de seda.

Fueron tiempos difíciles y aún siguen siéndolo,
la cena se enfría eternamente
como una añeja oración sobre mi mesa,
acaricio la barba de mi alma y pienso,
siento su vieja fotografía
pudriéndome los ojos con ternura
aunque otros lo ignoren.


Juan Carlos Olivas

miércoles, 17 de marzo de 2010

Pastor de Ruinas


Soy nuevo en el oficio de quererme
Joan Bernal

Debiste de robarme la tristeza,
debiste haber perdido la custodía
del desierto en tu camino,
amamantando el lago de la sangre
ahora que no somos del tiempo,
debiste esquivar todas las tardes inútiles
hasta encontrar el pasto de mi nombre,
la zarza que otro fuego consume
entablando de dolor tu nombre joven,
tu espiritual violencia de besarme,
los clavicordios sufridos en vano
por tu poca entereza, tus terrores,
la lívida imagen de la virgen que llora
y es tu espejo el día de hoy,
cortina cerrada para siempre
detrás de tu talle simulado.

Debiste haberme golpeado una y mil veces,
ofrecerme en extraños rituales, pastor de ruinas,
dejar que otros fabricasen
las absurdas leyes que nunca seguiré
porque sé que te alcanzo, te hiero,
te sufro por la belleza del látigo en mi carne,
de tus esperas y desesperanzas,
por tus imágenes, doblegadas de injurias
y de sombras, por las cuerdas que devastan los dedos,
porque sé que no llevarás mis huesos a la fosa,
sino a las altas praderas
de la consumación: tu nombre,
que roza el hastío del mundo
y conoce el suplicio.




martes, 23 de febrero de 2010

Canción Penumbra


Tocar un muro ciego y ver el mundo,
elegir el fracaso ante el espejo,
morderse los labios en un grito viejo
que en el verso desola lo profundo.

Balancearse, cadáver infecundo,
bajo las santas olas de un mar perplejo
y ser bajo la cuerda ese reflejo
del ahoracado que miente en lo rotundo.

Engañarse las manos con certeza
y que otros disfruten lo segado
porque nadie te recuerde con tristeza.

Develar estas heridas cual banderas,
volver el rostro, caminar sosegado,
y sentir la sed y el hambre verdaderas.


Juan Carlos Olivas

lunes, 11 de enero de 2010

HOLDEN CAULFIELD Y EL LAGO CONGELADO


I live in New York, and I was thinking about the lagoon in Central Park. I was wondering if it would be frozen over when I got home, and if it was, where did the ducks go? I wonder if some guy came in a truck and took them away to a zoo or something. Or if they just flew away.
The Catcher in the Rye
J.D. Salinger

A Juan Carlos Vargas


Yo tampoco lo sé Holden,
los he buscado en vano
por entre los arbustos,
he hurgado en la memoria de sus nidos
con el hambre de un ciego,
y el ayer hoy me sabe a lecho vacío.

He preguntado a los taxistas
y a los parroquianos de los bares
sin encontrar respuesta;
a nadie le interesa
a dónde van los patos
cuando el lago se congela Holden,
y eso me amedrenta,
llevo sangre en las rodillas,
hace frío e imagino a mi madre
el día de mi muerte,
qué diría mi pequeña hermana
al ver el honor de mi padre
esparcido en mi rostro
de innoble hijo perdido.
Quién quemaría mis juguetes,
la gorra y la chaqueta,
para que emprenda el viaje
a una vida vacía.

Yo tampoco lo sé Holden,
mis huesos van creciendo
en la fuente de este odio,
el invierno sodomiza sus banderas
en mis manos,
y los patos no vuelven,
un niño canta con atroz algarabía:
"el guardián ha de morir
entre el centeno",
me quedan ya unos pocos centavos,
la noche es la ramera aproximándose,
la nieve cae y hace daño,
y sé, aunque me duela,
que mi casa queda
más allá del lago congelado,
y debo retirarme.



Juan Carlos Olivas







miércoles, 16 de diciembre de 2009

Malos Hábitos


Mis culpas nunca fueron las mismas.
Hoy doy cuenta de mis actos
en lugar de vivir,
de alucinar en el cuadrilátero
el paso de los días,
alzar las manos,
esquivar el golpe,
y dejar al poema
una vez más sobre la lona.

El aplauso me causaría tristeza,
una ráfaga de luz
me llevaría de nuevo hasta las cuerdas,
los camerinos olerían
a un tiempo que no llega,
a palabras soberbias,
a nombres de mujeres
que persiguen sombras
por amor a mi nombre,
a falsos amigos
que sin dudar me salvarían.

Cuando la campana dejó de sonar
ya mi alma se caía por los poros,
y supe que para otros
siempre fueron las medallas recibidas.

Pero hoy, me detengo ante mis ojos
y me pido perdón,
miro los raídos guantes del pasado
colgar de la pared
como una profecía,
mis fingidos vestigios de gloria,
y me decido a terminar
este combate de doce pesadillas
que dieron en mi rostro,
sabiendo de antemano
que mi cuerpo será
esa metáfora extendida sobre el ring,
la muerte dirá en los altavoces
que mi tiempo ha pasado,
cesará el bullicio,
y entonces la poesía, victoriosa,
aplaudirá con soberbia
desde la última butaca vacía.


Juan Carlos Olivas

domingo, 29 de noviembre de 2009

Albedríos


Mi angustia es el eco

de la risa de Dios

Pedro Casariego



Esto que llevo en las manos

es la memoria de un abismo

donde dos muertos se besan y son ángeles.

El albedrío es atroz

y recobro la crueldad de estas paredes,

el insomnio como una imagen tuya

cuando bostezan las ventanas de piedad

y gotean pájaros sin calma de mis ojos.


Por horas caminé enfebrecido de mares

como un hombre ciego,

la tristeza clavaba sus uñas sobre el mundo,

y tú ya no eras

la fiel sacerdotisa del dolor,

sino el ruido de un cadáver que cae

sin horas a la tierra,

la piedra sobre piedra,

o el cuervo sosegado

en la mudez de mi hambre.


Pero en ascuas padecí del enigma,

crucé los ríos de la espesa altura,

conspiré contra los mártires,

contras sus máscaras hermosas en mis ojos,

conspiré contra ti, infinita,

porque llevas enjambres

de ángeles muertos que se besan,

porque das tu pañuelo de sombra a los huérfanos

y a los padres el delirio de sus hijos perdidos,

conspiré y negué darte esta ofrenda

de brújulas y espinas para tu soledad,

porque has reencarnado, sumisa,

una y otra vez

en las últimas esquinas del cansancio

donde ya no pude seguirte

y mis ojos se rendían de agudísimos naufragios,

de esquirlas que tatuaban -puede ser-

el beso de tu muerte en mis párpados,

los incorrectos senderos que tomamos,

el dolor, los espejos,

y todo aquello que era locura para el mundo.



Juan Carlos Olivas