martes, 28 de septiembre de 2010

Poema de Jorge Teillier (Chile)


TARJETA POSTAL
Me decías que no me enamorara de tu hermana menor,
aquella que aún temía a los duendes
que salen de los rincones a robar nueces.
Y yo te contestaba
que en el cielo podía leer tu nombre
escrito por los pájaros
y que las nubes flotaban como los gansos
en el patio dominical de tu casa
que me hablaba con su lenguaje de gorriones.
Este domingo me veo de nuevo en el salón
mirando revistas viejas y daguerrotipos
mientras tú tocas valses en la pianola.
Alguien me ha dicho en secreto que la primavera vuelve.
La primavera vuelve pero tú no vuelves.
Tu hermana ya no cree en los duendes.
Tú no sabrías escribir mi nombre
en los vidrios cubiertos de escarcha,
y yo sólo puedo contar mis recuerdos
como un mendigo sus monedas en el frío del otoño.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Límites


A mi mismo, aunque no lo merezco




Mi límite es un nido devastado,
estar quieto,
cavilando a mitad de esta noche
el rumbo de mi cuerpo en la ceniza.

Es tiritar de olvido
cuando todos regresan,
y mirar la gente vacía entre los buses,
y saber callar,
jamás entablar milagros
en los resquicios ciegos de mi mismo.

Me conozco muy bien, y no confío,
por eso me doy la espalda
ante cualquier sospecha de mis pasos,
he abdicado de mis vidas anteriores,
he sufrido la furia de mis días,
me he emborrachado de mi
y presiento el fragor de mi resaca.

No sé cómo puedo vivirme
con tantísima plegaria en mis entrañas.
Mas el tiempo ahora arrastra
los escombros del país inefable en que viví,
estoy desnudo
y acaricio mis límites,
reconozco jaurías en el cielo,
alguien que se parece a mi
me está llamando.

miércoles, 12 de mayo de 2010

El Ángel de la Casa

Una mesa de noche jamás será un altar,
pero a esta hora,
la fotografía de Virginia Woolf
arde como un presagio que se cumple,
sus ojos disparan su ponzoña
en contra del ángel de la casa,
mas éste olvida sucumbir.

Yo también le odio y le acompaño,
sufro sus aversiones cotidianas,
su forma de ser madre,
la absurda amiga
de lo incierto y lo trivial
cuando así lo deseo,
amo de sus reconvenciones.

Mi condena es saber que no puedo matarle,
que a esta hora
la fotografía de Virginia Woolf es devorada
en una esquina de mi casa,
y empiezo a descreer de lo divino.


Juan Carlos Olivas

lunes, 26 de abril de 2010

IX Festival Internacional de Poesía (Turrialba)


Miércoles 28 de abril:

Recital, Colegio Clodomiro Picado (IET), Sala Virtual, 9:00am.

Recital, Biblioteca Orton, CATIE, 3:30am.

Jueves 29 de abril:

Recital y presentación del libro La Marcha de la Sombra, del poeta italiano Claudio Pozzani. Sala del Museo Omar Salazar, Sede de la UCR, Turrialba. 9:00am

Viernes 30 de abril:

Recital, Escuela Jorge Debravo, 10:30am.

Nos acompañan en este festival los poetas Claudio Pozzani (Italia), Cristino Alberto Gomez (República Dominicana) y los costarricenses Luis Antonio Bedoya, Juan Carlos Olivas, Rolando Merayo, Jose Pablo Medrano y Armando Merayo.

Todas las actividades son gratuitas y abiertas a todo público.

miércoles, 7 de abril de 2010

Poema de la Atroz Felicidad

Pocas cosas supe ofrecer.
Me defraudé a mi mismo
y las serpientes pastaron noche y día
sobre la misma obstinación de ser otro,
perderme la vida en palabras huecas,
saber que no hay nadie que lea este poema
o lo entienda acaso
porque no hemos embargado la atroz felicidad,
el duelo que repta entre las cosas que somos,
los harapos compartidos,
la suave inmundicia carmesí
donde posamos nuestros sueños.

La felicidad es la certeza imposible.
Pasé mi vida a solas creyéndola a mi lado
aunque no me leyera,
aunque no me tocase ni hiciérame el amor,
aunque cuando me visitasen los amigos
sirviéranles viandas de poca gana y puntualmente.
Nunca estuvo a mi lado y a la vez,
cuando todos dormían de coraje y experiencia,
penetrome su terrible amanecer con vieja furia,
me obligó a besarle los pies,
a venderle mi alma como a un diablo de seda.

Fueron tiempos difíciles y aún siguen siéndolo,
la cena se enfría eternamente
como una añeja oración sobre mi mesa,
acaricio la barba de mi alma y pienso,
siento su vieja fotografía
pudriéndome los ojos con ternura
aunque otros lo ignoren.


Juan Carlos Olivas

miércoles, 17 de marzo de 2010

Pastor de Ruinas


Soy nuevo en el oficio de quererme
Joan Bernal

Debiste de robarme la tristeza,
debiste haber perdido la custodía
del desierto en tu camino,
amamantando el lago de la sangre
ahora que no somos del tiempo,
debiste esquivar todas las tardes inútiles
hasta encontrar el pasto de mi nombre,
la zarza que otro fuego consume
entablando de dolor tu nombre joven,
tu espiritual violencia de besarme,
los clavicordios sufridos en vano
por tu poca entereza, tus terrores,
la lívida imagen de la virgen que llora
y es tu espejo el día de hoy,
cortina cerrada para siempre
detrás de tu talle simulado.

Debiste haberme golpeado una y mil veces,
ofrecerme en extraños rituales, pastor de ruinas,
dejar que otros fabricasen
las absurdas leyes que nunca seguiré
porque sé que te alcanzo, te hiero,
te sufro por la belleza del látigo en mi carne,
de tus esperas y desesperanzas,
por tus imágenes, doblegadas de injurias
y de sombras, por las cuerdas que devastan los dedos,
porque sé que no llevarás mis huesos a la fosa,
sino a las altas praderas
de la consumación: tu nombre,
que roza el hastío del mundo
y conoce el suplicio.




lunes, 8 de marzo de 2010

Poema de William Blake


THE GARDEN OF LOVE


I went to the Garden of Love
and I saw what I never had seen;
a Chapel built in the midst
where I used to play on the green.

And the gates of that Chapel were shut,
and "Thou Shalt Not" writ over the door;
so I turn'd to the Garden of Love
that so many sweet flowers bore;

and I saw it was filled with graves,
and tomb-stones where flowers should be;
and Priests in black gowns were walking
their rounds, and binding with briars my
joys & desires.

(William Blake)


EL JARDÍN DEL AMOR

Fui al Jardín del Amor
y vi lo que nunca había visto,
una capilla construída en medio
del campo donde solía jugar.

Y los umbrales de esta capilla estaban cerrados,
y el "No Deberás" escrito sobre sus puertas;
así que retorné al Jardín del Amor
que muchas dulces flores retoñara;

y vi que estaba lleno de tumbas
y de lápidas donde las flores debieran estar;
y sacerdotes en negras sotanas
rondaban, amarrando con cardos
mi gozo y mis deseos.

(Traducción Juan Carlos Olivas)